Mitos y verdades acerca de los anteojos de sol

Dr. Germán Bianchi, médico oftalmólogo, jefe de trasplante de córnea en Clínica Nano.

Los lentes de sol se usan por cuestiones estéticas, porque molesta la intensidad de luz en exceso que limita la visión y/o por deseos de contar con protección ocular.

Las cuestiones estéticas son muy personales. Y la molestia visual, que se denomina “fotofobia”, será muy variable según aspectos personales como, por ejemplo, el grosor de las cejas, el largo de las pestañas, el color del iris, la edad y el estado de los distintos medios de protección ocular naturales como la capa lagrimal, el estado del cristalino y de la retina.

Pero, independientemente de las dos causas anteriores, hay que ser conscientes de que la inadecuada exposición de los ojos al sol es dañina y se puede mitigar mediante el uso de gafas. Aunque, ¿todas son buenas? ¿Sólo se pueden comprar en ópticas? ¿Puede una persona reconocer realmente que tengan los filtros que dicen en la etiqueta en caso de referirlos? ¿Qué filtro hay que solicitar?

Dentro de la energía radiante que emite el sol, están los rayos ultravioletas (UV), que no se pueden ver. Hay tres tipos de radiación UV: UVC, UVB y UVA. La capa de ozono absorbe el 100% de la UVC y 90% de la UVB, pero una mínima cantidad de la UVA. Además, la capa de ozono está afectada. Por lo tanto, según la intensidad y tiempo de exposición, los rayos UV pueden producir envejecimiento celular prematuro y un proceso llamado carcinogénesis (induce la aparición del cáncer). 

Por eso, una de las más grandes amenazas es el melanoma que, además de aparecer en la piel, puede surgir en el ojo. Es un tumor maligno, que puede generar metástasis y es potencialmente mortal. Y, si bien hay diferentes factores de riesgo, la exposición al sol es la principal, tanto sea para su aparición y desarrollo en la piel, como en los ojos. 

Aunque sin llegar a ese extremo, el sol puede conducir a alteraciones menos catastróficas, tanto en la superficie ocular (irritación sequedad, queratitis, fotofobia) como en el cristalino (progresión de las cataratas) y en el fondo de ojos (retinopatías asociadas o exacerbadas por el sol). 

Todo esto es evitable mediante el uso de una adecuada protección que, además, puede ser estética y adecuarse a los gustos de cada uno. Y, más allá de que se puedan sugerir diseños de marcos más grandes, que ofrecen mayor cobertura, las principales diferencias, en lo que respecta a la salud, están en relación con el tipo de filtros y materiales de fabricación. 

Los anteojos de sol no deben disminuir la calidad ni cantidad visual, ni deben facilitar el desarrollo de alguna enfermedad ocular, sino bloquear el ingreso de radiación al ojo, pero permitir el acceso de la energía lumínica necesaria para ver, mediante filtros. ¿Es posible esto? Sí, los anteojos de sol podrán bloquear entre 99 a 100% los rayos UV. Y respecto de su mayor o menor oscuridad, se ha establecido que la transmitancia a la luz no podrá reducir más del 8% para no afectar la capacidad visual, por ejemplo, al conducir e ingresar a un túnel oscuro durante un día soleado. 

Los anteojos de sol son lentes con filtros UV que, incluso, pueden ser totalmente claros. Por ende, otro concepto: la coloración, el grado de oscuridad de un lente no garantiza que realmente proteja contra los rayos UV. De hecho, algunas gafas de colores podrían ser nocivas para la salud ocular. Eso es algo que determinará el médico oftalmólogo, ya que algunas personas pueden tener sin que lo sepan, algún grado de afectación en la percepción de colores y que, al utilizar anteojos de uno u otro color, empeore su capacidad visual. Incluso, hay patologías que se pueden manifestar de forma silenciosa, mediante una alteración en la percepción de colores, como las neuropatías o las cataratas.

Claro está que el anteojo de sol más oscuro (manteniendo la transmitancia de luz) será ideal para personas con más fotofobia, que estén habitualmente durante mucho tiempo al sol. Y los más claros, para actividades como, por ejemplo, conducción diurna u otras que no impliquen una exposición continua a excesiva luminosidad.

No hay una forma casera de darse cuenta de si los anteojos de sol tienen protección UV. Y es fundamental hacer la consulta oftalmológica anual para conocer si los ojos tienen algún requerimiento en especial y así adquirir los anteojos apropiados, en una óptica autorizada, en donde se pueda medir y garantizar que tienen el filtro adecuado y, junto con el médico, ayudar a escoger los más indicados para cada uno y cada situación.