La educación, la mejor prevención contra el dengue

El brote récord de dengue que experimentaron principalmente 29 municipios de la provincia de Buenos Aires durante el período 2019-2020, hizo que especialistas consideren a la educación como la herramienta fundamental para la prevención de casos.

La presencia del mosquito Aedes aegypti, causante de la enfermedad, aumenta paulatinamente y las acciones de prevención implementadas en todos los niveles del Estado no tuvieron la eficacia esperada. Desde numerosos sectores advierten que una de las medidas que deben intensificarse es la distribución gratuita de repelentes, que actúen sobre la piel o el ambiente, en los sectores sociales más vulnerables porque son los más expuestos a la enfermedad.

Durante el período epidemiológico 2019-2020 se notificaron 43.815 casos probables de la enfermedad en Argentina, un 7,2 por ciento más que la cifra récord de 40.641, informada en 2016. En la provincia de Buenos Aires, en tanto, los casos registrados fueron de 12.868 notificados, 5.819 fueron confirmados y 663 probables hasta la semana 29, identificándose los serotipos DEN-1(52%), DEN-2 (3%) y DEN-4 (45%), según los datos publicados en el boletín epidemiológico bonaerense correspondiente a julio de 2020.

El incremento constante de los casos obliga a replantear las campañas de difusión que, en la mayoría de los distritos, se limitaron a la distribución de folletos, publicidades, flyers en las redes sociales y otras herramientas complementarias que fueron insuficientes debido a que la concientización de amplios sectores de la sociedad requiere de estrategias más profundas para evitar la expansión de la enfermedad.

Hace una década desde el Ministerio de Salud de la Nación se explicaba en el Manual de Participación Social en la Prevención del Dengue, que “la base del cambio es, sin duda, la educación y adquisición de hábitos ambientales preventivos desde edades tempranas. Para ello es recomendable la participación activa del conjunto de educadores de todas las disciplinas del conocimiento. La escuela es la clave del cambio”. En tal sentido, el mismo documento señalaba que “muchos conceptos relacionados a la transmisión de enfermedades como el caso del dengue pueden ser complementados desde las distintas asignaturas que forman parte de los programas educativos”.

No obstante, la problemática del dengue no se incorporó de manera masiva en las currículas escolares y se desaprovechó la oportunidad de hacerles llegar a infinidad de familias información sobre los métodos de prevención, fundamentalmente, porque el mosquito transmisor de la enfermedad es domiciliario, por lo que crece, se reproduce y se alimenta en los propios hogares.

Por otra parte, la educación resulta de vital importancia para derribar mitos en torno a la enfermedad. Uno de ellos es si el mosquito desaparece en invierno. En tal sentido, el director del Grupo de Estudios de Mosquitos de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Nicolás Schweigmann, explica que “en invierno se da una baja de la población de los mosquitos adultos, pero los huevos persisten pegados en las paredes de aquellos recipientes olvidados por las personas y así sobreviven en ese estado durante varios meses”.

Es por esto que profesionales en materia de salud, epidemiología y medio ambiente aconsejan que, para poder evitar contagios, es importante comenzar con los procedimientos de prevención y eliminación de posibles criaderos de mosquitos mediante el descacharreo durante el invierno. En general esto no ocurre y las campañas masivas inician en primavera y, además, muchas veces se tarda en llevar a los centros de salud el repelente y los mosquiteros para repartir en los barrios.

Los huevos del Aedes aegipty tienen la capacidad de sobrevivir durante el invierno y, cuando aumentan las temperaturas y hay humedad en el ambiente, eclosionan para dar lugar a la larva que, en condiciones ideales, (agua y calor) da paso al mosquito adulto que es el que transmite el virus.

En 2015, un trabajo publicado en el Journal of Vector Ecology daba cuenta del avance del insecto hacia el sur: “se lo registró, por primera vez, en lugares como San Clemente, San Bernardo y Villa Gesell”. En 2016, se comprobó que sus larvas pueden soportar el invierno porteño y alcanzar el estado adulto. En 2017, se demostró que su población en la ciudad de Buenos Aires crece y se expande.

Estudios efectuados por el Grupo de Estudio de Mosquitos publicados en el Journal of Medical Entomology, sugiere que los Aedes aegypti nacidos y criados en la Ciudad de Buenos Aires se adaptaron al clima invernal del área metropolitana: “comprobamos que pueden completar su desarrollo a una temperatura de solo 12ᵒC, algo que no se ha reportado en ningún otro lugar del mundo”, revela María Sol De Majo, primera autora del trabajo.

Pero uno de los mitos más frecuentes vinculados con el dengue es el de la fumigación. Los especialistas sostienen que la fumigación sirve, principalmente, durante la época de circulación del virus para eliminar el mosquito adulto que puede estar infectado, pero no en otro momento del año ni tampoco como medida única y fundamental, porque no afecta ni a las larvas ni al huevo.

Según el CONICET y el Ministerio de Salud de la Nación la fumigación no es una solución definitiva ni la más eficaz para eliminar a los mosquitos y prevenir las enfermedades que transmiten. Desde la cartera de Salud advierten que si bien en las épocas de calor la fumigación colabora en la reducción de insectos, sólo mata a una parte de los mosquitos adultos y no afecta a las larvas y huevos. Por eso, se utiliza principalmente como medida de control cuando aparece un caso de zika, dengue o chikungunya, con el fin de disminuir la cantidad de mosquitos adultos infectados que podrían transmitir enfermedades a personas sanas.

La vacuna

La primera vacuna contra el dengue se llama Dengvaxia y recibió la autorización para su comercialización por primera vez en diciembre de 2015, en México, para ser utilizada en personas de 9 a 45 años que vivían en zonas endémicas.

Especialistas de la Organización Mundial de la Salud explican que se trata de una vacuna recombinante tetravalente con virus vivos desarrollada por Sanofi Pasteur que se administra con una pauta de tres dosis a intervalos de seis meses (al inicio, a los 6 y a los 12 meses).

En Argentina la ANMAT aprobó la vacuna en marzo de  2017 y le otorgó el perfil de seguridad adecuado. “La vacuna ha demostrado ser segura y efectiva en población mayor de 9 años con inmunidad previa para dengue. Los estudios analizados demuestran que es una vacuna eficaz para prevención de segundas infecciones por dengue y prevención de severidad en dichas infecciones. En zonas geográficas con baja seroprevalencia, su uso debería ser una indicación médica personalizada”, según expresa en el informe de Evaluación Tecnológica Sanitaria.

El 1 de mayo de 2019 la Administración Federal de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos anunció la aprobación de Dengxavia fabricada por la compañía Sanofi Pasteur luego de haber sido probada durante años en lugares donde el dengue es endémico, incluido Puerto Rico.

Sin embargo, la OMS no recomienda su aplicación en personas sanas debido a que esta vacuna parece actuar como una primera infección de dengue que puede desencadenar formas más severas de la enfermedad. Por este motivo, aconseja que los médicos evalúen en forma individual a cada paciente para determinar si deben aplicarse la vacuna.

Las autoridades sanitarias señalan que la vacuna es beneficiosa en las personas que tuvieron dengue porque adquirieron inmunidad contra un tipo del virus y les ayuda a inmunizarse contra los otros serotipos. En cambio, es perjudicial para los que no fueron infectados porque puede actuar de “sensibilizador” y provocar una reacción alérgica grave.

Además Dengxavia, el Instituto Butantan se encuentra en la última fase de desarrollo de otra vacuna contra el dengue, al igual que el laboratorio Takeda en Cambridge, que alcanzó una etapa experimental avanzada.

Las distintas etapas del desarrollo del Aedes aegypti son: los huevos, las larvas (cuatro estadios larvales, denominados I a IV), las pupas y los adultos (machos y hembras). Su reconocimiento es muy importante para el control del vector y la prevención de la enfermedad.

El Aedes aegypti tiene hábitos domiciliarios, por lo que la enfermedad es predominantemente urbana. Este mosquito es diurno y suele picar en las primeras horas del día, hasta media mañana, y durante el atardecer. Sin embargo, el horario puede variar según las condiciones del tiempo, por lo que es necesario cuidarse siempre, inclusive a la noche.

¿Cómo es el mosquito transmisor?

El mosquito Aedes aegypti es de tamaño pequeño, no mide más de 5mm. Es de color marrón oscuro y tiene un dibujo en el torso (espalda), que se asemeja a una lira, de color blanca plateado. En las patas, tiene anillos de ese mismo color. Se lo reconoce porque tiene un vuelo muy característico como errante, como si estuviera saltando en el aire.

Schweigmann aclaró que “el Aedes aegypti no suele volar más de 40 metros a la redonda” y que “por ese motivo, si se encuentra un mosquito adulto quiere decir que cerca tiene que haber algún criadero”.

Además, agregó que “es un mosquito que está activo en horas de luz, durante el día o cuando están las luces encendidas. Nos tiene que ver para picarnos y por eso no tiene nada que ver con los mosquitos que pican a la noche”.

¿Pone huevos sólo en agua limpia?

Desde el Grupo de Estudio de Mosquitos de la UBA revelaron que no sólo se crían en agua limpia, sino que también se pueden encontrar larvas en recipientes con agua sucia que esté estancada hace mucho tiempo. Se crían en cualquier tipo de recipientes artificiales como baldes, bebederos de animales, botellas, tachos de pintura, cubiertas abandonadas, etcétera, pero no en charcos, lagunas o zanjas.

Variedades o serotipos del dengue

El virus del dengue tiene cuatro variedades (serotipos): Den-1, Den-2, Den-3 y Den-4. La infección con cualquiera de ellos provoca el llamado dengue clásico o dengue a secas. Cuando una persona que sufrió dengue es infectada por otro serotipo diferente, pueden producirse las formas graves: el Dengue Hemorrágico (DH) y el Síndrome de CHoque por Dengue (SCHD), mortales entre 10 y 40% de los casos.

No obstante, hay grupos de riesgo como los pacientes diabéticos o con cardiopatías que pueden, a la primera infección, desencadenar la forma grave de la enfermedad.

La infección con un serotipo confiere inmunidad permanente contra el mismo (inmunidad homóloga) y, por unos meses, contra los otros serotipos (inmunidad heteróloga). De esta manera, una persona podría tener dengue hasta cuatro veces en su vida, una por cada serotipo.

En la Argentina, hasta el momento, se registró en diferentes sitios del territorio nacional la presencia de 3 de los 4 serotipos. Según datos difundidos por el Ministerio de Salud de Nación, el 62% del total de los casos confirmados corresponde al serotipo DEN-1; el 36%, al DEN-4, y el 2% DEN-2.

Los síntomas

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, los síntomas son fiebre elevada (más de 38º), acompañada de dolor de cabeza muy intenso, dolor detrás de los globos oculares, dolores musculares y articulares, náuseas, vómitos, agrandamiento de ganglios linfáticos o sarpullido.

¿Cómo tratarlo?

Hasta el momento no existen tratamientos específicos ni vacunas efectivas contra el dengue y las que fueron aprobadas no son totalmente eficaces. No tomar aspirinas ni automedicarse. Lo más importante es consultar al médico cuando se presentan los primeros síntomas.

¿Cómo prevenirlo?

La medida más importante de prevención es la eliminación de los criaderos de mosquitos, es decir todos aquellos recipientes que acumulen agua dentro y fuera de casa, ya que este mosquito tiene hábitos domiciliarios.

Por eso, es fundamental por un lado el descacharreo para evitar los criaderos, sobre todo durante el invierno. Y una vez que empiezan los primeros casos, la prevención con repelente (para evitar las picaduras), espirales dentro de las casas y mosquiteros en todas las ventanas y puertas.


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