Las mujeres socialistas impulsan un protocolo contra la violencia por cuestiones de género

Las mujeres ocupan un lugar central en el Partido Socialista, es así como la presidenta a nivel nacional es Mónica Fein, exintendenta de Rosario, mientras que Clara García se postula como precandidata a senadora nacional. Estos son sólo dos ejemplos de la trascendencia de los roles que tienen las dirigentas en la estructura partidaria de la fuerza progresista.

Por eso, no resulta extraño que el Socialismo se constituya en la primera fuerza política en abordar el Protocolo Nacional de Actuación contra las acciones discriminatorias o de violencia por cuestiones de género hacia las mujeres y disidencias sexuales dentro de un partido, que fue presentado desde la Secretaría de Mujeres que conduce la catamarqueña Elizabeth Fontao.

La secretaria de la Mujer de la provincia de Buenos Aires y Referente Nacional de Mujeres Socialistas, Mariana López, explicó que “el protocolo se presentó el viernes pasado al Comité Nacional y la idea es que próximamente se apruebe. Se comenzó a trabajar, a partir de 2020, en un equipo de compañeras que se dedicaron al diseño de este instrumento basado en distintas experiencias y propuestas de protocolos de actuación a nivel latinoamericano e internacional”.

López, que es candidata a diputada nacional por la provincia de Buenos Aires en la lista que encabeza Florencio Randazzo, sostuvo que en el territorio bonaerense “se aprobó en 2019, pero aún no se hizo uso del protocolo. Pero está para ser implementado”.

A pesar de que el espacio político se afianzó en Santa Fe al gobernar la provincia durante tres períodos consecutivos y posibilitó el ascenso a puestos de relevancia por parte de las mujeres, “todavía el liderazgo político a nivel país sigue sin verse de forma igualitaria. Las violencias políticas que pueden materializarse en ridiculización, invisibilización, discriminación y disminución de la participación, implican no alzar la voz, que nos aleja de lo público”, sostuvieron las mujeres socialistas en la presentación del protocolo.

Sin embargo, las federaciones de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe aprobaron el instrumento durante 2019, que fue implementado en esta última provincia.

El documento elaborado desde el PS hace referencia a la encuesta del Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA), que reveló que entre los factores que disuaden a las mujeres de participar en política predominan las responsabilidades familiares (91%), la cultura dominante y concepción del rol de las mujeres en la sociedad (89%) y la falta de apoyo por parte de los hombres (76%), entre otros.

Las mujeres que incursionan en política todavía son acosadas sexualmente (82%), se las descalifica por sus atributos físicos (82%) y se las descalifica por su vestimenta (82%), según surge de los resultados de la encuesta.

Con respecto a la prevalencia de situaciones de violencia, el 67% fue insultada, menospreciada o humillada en el ejercicio de su función, mientras que el 53% de las encuestadas expresaron que se divulgó información basada en su género y no en su actividad política con el objeto de menoscabar su imagen pública.

De acuerdo con estas circunstancias, el 69% de las encuestadas señaló que el marco normativo actual no es suficiente para abordar la violencia política contra las mujeres, por lo que la mayoría indicó que debería modificarse la ley integral de violencia.

Las mujeres socialistas concordaron en la necesidad de incluir a la violencia política en la Ley marco 26.485, dentro de las modalidades de violencia reconocidas contra las mujeres, en concordancia con la definición establecida por la Ley Modelo Interamericana sobre Violencia Política contra las Mujeres (art. 3).

La presidenta del partido, Mónica Fein, en el marco de la presentación sostuvo: “Las que estamos aquí, sobre todo las más grandes, podemos dar cuenta de las violencias que hemos atravesado. Algunas las hemos naturalizado para poder atravesarlas, pero siempre hemos tenido que atravesar situaciones de violencia psicológica, a veces física, de desvalorización y obviamente de las dificultades de asumir roles y lugares de liderazgos”.


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