América Latina es la región más afectada por la pandemia

(Por Nadia Luna, Agencia TSS) – En América Latina, la crisis sanitaria derivada de la pandemia se convirtió rápidamente en una crisis económica y social debido a las desigualdades estructurales que caracterizan a los países de la región, y que se profundizaron con la llegada de la COVID-19. El avance en las campañas de vacunación no es la excepción, ya que las naciones latinoamericanas y caribeñas enfrentan desafíos en el acceso, la producción y la distribución de las vacunas para sus poblaciones.

Con el objetivo de relevar la situación regional, la UNESCO publicó este mes el informe “COVID 19 y vacunación en América Latina y el Caribe: Desafíos, necesidades y oportunidades”. Según el documento, se trata de la región más afectada por la pandemia y siete de los 15 países del mundo con mayor mortalidad por cada 100.000habitantes son latinoamericanos. Por eso, el informe pone énfasis en la necesidad de declarar a las vacunas que protegen frente a la COVID-19 como bien público universal, para garantizar un acceso equitativo. También, aborda la importancia de fortalecer la cooperación científica y facilitar la producción regional de vacunas.

“Queríamos tener un documento con una visión bien informada y amplia de la realidad de las vacunas en la región. En América Latina, hay una gran desigualdad en términos de acceso y distribución porque hay países como Chile, que ha vacunado a más de la mitad de la población, y otros como Honduras y Guatemala, que no llegan al 2% de su población. A la vez, es cierto que hay países que han podido negociar compras con los productores farmacéuticos, pero el 69% de esas dosis corresponden solo a Brasil y México”, le dijo a TSS la subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO, Gabriela Ramos.

El reporte señala que, mientras una de cada cuatro personas en los países de altos ingresos ha recibido al menos una dosis de la vacuna, en los de bajos ingresos la proporción es de una cada 350 personas. Esto tiene que ver con diversos motivos: la pandemia impuso una gran carga a los sistemas de salud ya debilitados de la región –que además deben atender otras enfermedades endémicas, como lamalaria y el dengue–, y las limitaciones en la producción global de vacunas y las diferencias en las capacidades de negociación de los países implican dificultades en el acceso. En este sentido, se estima que los 27 países y territorios más ricos del mundo, que abarcan solo el 10% de la población mundial, han administrado el 32% de las dosis disponibles en el mundo.

En la región, la situación de vacunación no es homogénea y evidencia brechas tanto entre los países como al interior de ellos. Mientras que algunos países reportan coberturas de vacunación completa similares a las de Europa y América del Norte, otros reportan porcentajes de vacunación inferiores al 1%. Los países con mayor cobertura son Chile y Uruguay, mientras que Guatemala, Honduras, Nicaragua, Jamaica, Haití, San Vicente y Las Granadinas, y Venezuela tienen menos del 1% de la población con esquema completo de vacunación. Según el informe, si se mantiene el ritmo actual de vacunación, al finalizar este año la región sólo habrá inmunizado a una tercera parte de su población.

Frente a la escasez del insumo, los países deben definir qué partes de la población consideran como grupos prioritarios a ser inmunizados. Algunos criterios son similares, como la edad o la presencia de comorbilidades, pero hay otros que difieren, como sucede con las poblaciones en situación de vulnerabilidad. Las comunidades indígenas solo fueron incluidas como prioritarias en los planes de vacunación de cinco países; los migrantes y refugiados, en dos planes; las personas en situación de calle, en siete.

“Creo que no ha habido una visión más estratégica de cómo llegar a esas poblaciones, que son las más vulnerables. Cuando se prioriza vacunar a los mayores de 60, por ejemplo, hay que tener en cuenta que las poblaciones indígenas tienen una expectativa de vida menor, por lo que de entrada quedan descartados”, indica Ramos. Por eso, el reporte sugiere a los países incluir criterios de equidad basados en estándares éticos y de derechos humanos, dando prioridad de acceso a poblaciones tradicionalmente excluidas de tal manera que no se amplíen las brechas de desigualdad ya existentes.

Al respecto, Ramos afirma que la pandemia originó múltiples crisis que profundizaron las brechas que ya existían. “Empezamos con una crisis en salud, seguimos con una económica y luego con una crisis social. Estamos en una bola de nieve que acumula ventajas para grupos que ya estaban en desventaja. Por eso, el llamado que hacemos desde el sector de Ciencias Sociales de la UNESCO es que, para salir de esta crisis, hay que darle prioridad a los grupos más vulnerables, que son los que están más representados entre los casos positivos y los decesos, y subrepresentados en los planes de vacunación”, dijo.

Un mecanismo de cooperación que busca facilitar el acceso a las vacunas es COVAX, un esfuerzo global entre la Coalición para la Promoción de Innovaciones en pro de la Preparación antelas Epidemias (CEPI), la Alianza Mundial para las Vacunas e Inmunización (GAVI), UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS). COVAX debe entregar a los países de la región unas 45 millones de dosis de vacunas. Para junio de 2021, había entregado 18 millones, lo que alcanza a cubrir la inmunización completa del 1,4% de la población de la región.

También hubo donaciones de vacunas de otras naciones. A mayo de 2021, Rusia había donado 2,4 millones de vacunas a Nicaragua; India, 1.070.000 a varios países de Centroamérica y el Caribe; China, medio millón a Venezuela; y Sudáfrica, 75.000 dosis a Jamaica, entre otras. Estados Unidos anunció la donación internacional de 80 millones de dosis, de las cuales 14 millones se repartirán entre países de la región a través de COVAX.

“Muchas universidades en América Latina tienen grandes capacidades de producción e investigación. Entonces, no podemos estar dependiendo solo de la solidaridad internacional o de las intenciones del mercado farmacéutico. Por eso, Alicia Bárcena (secretaria ejecutiva de la CEPAL) nos invitó a participar de una plataforma en la que está trabajando para acelerar la capacidad de producción de vacunas, desarrollar nuestras propias vacunas y participar del debate global sobre la liberación de las patentes”, sostuvo Ramos.

El informe también releva la percepción de la población sobre la vacunación y remarca que lograr la inmunidad colectiva dependerá en parte de que las personas elijan ir a vacunarse. Entre las dudas frecuentes,están el rápido desarrollo de las vacunas, la incertidumbre ante tecnologías nuevas (como las que utilizan ARN mensajero) y, sobre todo, la falta de información confiable y la explosión de noticias falsas. En ese sentido, el documento indica que en América Latina y el Caribe las tasas de aceptación de la vacuna van desde el43% en Haití hasta el 97% en Ecuador. La mayoría de los países de la región reportan tasas de aceptación superiores al 65%, por encima de las que hay en Estados Unidos y Europa.

Fabricación local

Con respecto a la capacidad de producción de vacunas en general, Cuba, Brasil y México se encuentran entre los 20 primeros fabricantes del mundo. El informe señala que esa capacidad instalada podría ampliarse y adaptarse para la producción de vacunas para COVID-19. Algunos ya son productores parciales o totales de vacunas como la de Oxford/AstraZeneca y la Sputnik V, como la Argentina, Brasil y México, pero aún en número insuficiente para cubrir las necesidades de la región.

“Hay que poner todos los esfuerzos de coordinación para avanzar en los mecanismos de vacunación. No hay mejor política económica, social y sanitaria que acelerar la vacunación porque es la única forma de salir de esta crisis”, considera Ramos. “América Latina tiene activos importantes que hay que aprovechar, incluyendo sus universidades, sus investigadores y sus centros de producción de genéricos. Sería bueno coordinarlos a nivel regional para potenciar las capacidades de cada país”, agrega.

A su vez, también existen iniciativas avanzadas para desarrollar vacunas en Brasil, Cuba y México, y otras en fases más tempranas en la Argentina, Chile y Colombia. En México, el Laboratorio Avi-Mex inició el 4 de mayo un estudio clínico de fase 1 y, en Brasil, el instituto Butantan inició sus ensayos el 28 de abril. En tanto, Cuba fue el primer país latinoamericano en autorizar una vacuna propia, Abdala, y tiene otros cuatro candidatos en fases avanzadas: Soberana 01, Soberana 02, Soberana Plus y Mambisa. Además, se prepara para ensayos clínicos de una vacuna fabricada con China, la Pan-Corona, que apunta a las partes menos mutagénicas del virus con el objetivo de combatir las nuevas variantes.

En cuanto a los procesos de investigación e innovación, el informe indica que varios países, entre ellos Argentina y Brasil, han movilizado una buena cantidad de recursos para investigación básica y aplicada. En el caso de Argentina, destaca la creación de la Unidad Coronavirus, que financia el trabajo de científicos y científicas en el desarrollo de candidatos vacunales y kits de diagnóstico, entre numerosos proyectos.A su vez, remarca que hay iniciativas similares en otros países latinoamericanos y que todas existen gracias a décadas de inversión en I+D que permitieron dar una pronta respuesta a la situación actual.

“Hoy ya se empiezan a perfilar los debates y las lecciones que deja la COVID, que tienen que ver con que no podemos considerar el sistema de salud como un gasto que los países hacen recién cuando se tiene un cierto nivel de desarrollo. Es habitual que, cuando hay una crisis económica, uno de los primeros rubros que sufre un recorte es el de salud. No hay que considerar a la salud como un gasto sino como una inversión y hay que repensar el sistema sanitario de los países”, dijo Ramos, quien también destacó la necesidad de tener un sistema científico fortalecido capaz de producir vacunas.“ ¿Cuántas veces hemos dicho que en nuestra región la inversión en investigación y desarrollo es bajísima? Tenemos que generar recursos a largo plazo para estar mejor preparados para este tipo de situaciones. La ciencia es la base para soluciones futuras”, finalizó.


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