Subjetividades, hábitos y ‘nueva normalidad’: algunas implicancias en un escenario post pandemia

Por Lic. Leonardo Núñez

Desde principios de 2020, el país se ha visto convulsionado en medio de una pandemia que trajo consigo una desestabilización a gran escala, alterando, por supuesto, aspectos económicos, sociales, políticos y culturales alrededor del mundo, generando incertidumbre, angustia, desequilibrios y conflictos cotidianos que se observaron con gran impacto en el día a día a partir de las políticas de aislamiento y cierre de los distintos mercados, propios de la sociedad tan dinámica a la que estamos acostumbrados/as, como parte de las medidas de prevención de contagios que, de manera exponencial, venían observándose en distintas partes del mundo, incluyendo a la Argentina.

Es así que, de golpe y en medio de una incertidumbre total, nos vimos obligados/as a cambiar totalmente nuestras costumbres y hábitos cotidianos, prácticamente de una semana a la otra, en medio de una cuarentena estricta, la cual parecía que iba a durar un determinado tiempo, corto, pero a medida que pasaron las semanas y los meses, comenzó a tomar fuerza la idea de que la vida no volvería a ser la misma en lo inmediato.

Este nuevo escenario, alteró los órdenes de, entre muchos otros asuntos, casi todos los aspectos vinculados a lo cotidiano, y dichos cambios impactaron en la calidad de vida de las personas, de manera disfuncional en la mayoría de los casos. En los mismos, cuestiones como la falta o suspensión de actividades físicas habituales, el aumento en la cantidad de alimentos diarios como producto de la ansiedad -algo esperable en un marco de incertidumbre como el vivido- en medio de un día a día pasivo a partir de las faltas de posibilidades propias de las actividades sociales, fueron impactando paulatinamente en las personas. Dicho impacto, propio del quehacer diario, no solo implicó a lo físico, sino que también, por supuesto, a lo psíquico.

Al ir modificándose de manera disfuncional las costumbres y los hábitos del día a día, se empiezan a sentir cambios a nivel físico que se observan, por ejemplo, en la falta de energía diaria, producto tanto de los malos hábitos de alimentación como además de los cambios en los horarios de descanso y actividad, algo que también se vio alterado, al no cumplirse ya con los esquemas propios de las responsabilidades laborales, académicas o sociales habituales. Y estas modificaciones también alteran, por supuesto, los estados de ánimo, generando mayor estrés o ansiedad. Es decir, el nuevo contexto genera ansiedad y estrés producto, entre otras cuestiones, de la incertidumbre, y es así que las conductas, a partir de dichos estados de ánimo, se ven también alteradas, provocando a su vez mayor estrés y ansiedad, al notar o sentir la diferencia en la salud física. En este sentido, se observa un ‘circulo vicioso’ entre los cambios disfuncionales tanto físicos como psíquicos.

Luego de un considerable tiempo viviendo en un contexto impensado y con los grandes cambios mencionados, hoy, llegando a fines de 2021, nos encontramos atravesando, pareciese observarse, los primeros pasos hacia lo que será la ‘nueva normalidad’, post pandemia. Sin embargo, la vuelta paulatina a las actividades y a una mejor calidad de vida, no resultará sencilla debido a que no solo habrá que romper con los hábitos de aislamiento y volver a adquirir o naturalizar aspectos vinculados a conductas más dinámicas y sanas en lo cotidiano, sino que las mismas pueden verse obstaculizadas por factores psíquicos. Esto es en términos de posibles, podría decirse, ‘trabas emocionales’ producto de la aún viva incertidumbre respecto de la información sobre nuevas cepas de coronavirus, de noticias vinculadas a las vacunas, a la falta de ellas o a la necesidad de sumar nuevas dosis a partir de una baja en los anticuerpos luego de un determinado periodo, y temas relativos a los conflictos y debates constantes sobre la prevención y lucha contra el virus.

Además, cambios tan impactantes como lo implica, por supuesto, una pandemia, necesitan ser procesados a nivel psíquico, es decir, no resulta sencillo o simple modificar lo cotidiano de una semana a la otra, con angustia e incertidumbre, vivir dicho impacto por cerca de dos años y luego volver a modificar todo en un breve período, desconociendo la importancia que acarrean los factores emocionales. De allí que no sea sencillo llevar adelante, por ejemplo y entre otras actividades, el ciclo lectivo en el ámbito de la educación, sobre todo con niños/as y adolescentes, debido a que los cambios desestabilizan tanto en la praxis como en la subjetividad, y cada instancia que modifica el quehacer diario y las emociones, necesita ser procesada por los sujetos, quienes tienen su propio tiempo para ello, y aquí también resulta importante tener en cuenta a profesionales de la salud, que pueden ser funcionales para llevar adelante dichos procesos de la mejor manera posible.

Es así que, de a poco, respetando las subjetividades, con empatía, con la introspección necesaria en cada caso particular, tratando de identificar aquellos aspectos que puedan obstaculizar el quehacer diario y generen conflictos a nivel emocional, y, por supuesto, con la ayuda profesional que se requiera, se podrá ir retornando a un día a día más funcional, volviendo a tomar aquellos hábitos que hacen a una mejor calidad de vida.


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