Los soñadores de El Galpón regalan música y arte en un rincón escondido de Haedo

Los caminos que llevan a la concreción de las vocaciones a veces son inciertos, en ocasiones están atravesados por obstáculos imprevistos, aunque siempre chocan con la obstinación de los soñadores que hacen posible que se hagan realidad.

En el caso de El Galpón de Haedo, un puñado de actores y actrices, músicas y músicos cimentaron el camino de sus vocaciones a través de melodías, sonidos y guiones teatrales combinados con la sensibilidad de los intérpretes y la aceptación de un público que se entrega al disfrute.

Este espacio en el que las manifestaciones culturales afloran con todas sus fuerzas y se materializan en las más variadas expresiones artísticas está en un rincón escondido de Haedo, como si su descubrimiento formara parte de un ritual en el que el público también es protagonista.

Una de las impulsoras del proyecto es Valeria Fernández, que aseguró que “el espíritu de El Galpón es artístico, teatral y musical. Es el espíritu del ritual que intentamos que tenga cada concierto y cada espectáculo para que no sea una formalidad, sino para que se produzca el encuentro. Eso es lo que nos define”.

Junto a ella, el esfuerzo colectivo para sostener a este centro cultural en el oeste del conurbano lo hacen Juan Bär, Juan Bampini y Valeria Ortega (luego se sumaron Sandra de Q Sonido y Diego de Elevé) integrantes de un grupo de teatro identificados con el nombre Compañía del Revés, que hace 12 años realizan espectáculos para toda la familia.

La necesidad de contar con un espacio propio para guardar la escenografía y establecerse los llevó a tomar la decisión de alquilar el lugar “para ensayar y dar clases, nada más. Pero debíamos generar recursos para solventar los costos, entonces empezamos a proponer fechas y funcionó. El primer año hicimos los espectáculos a la gorra y así arrancamos”, explicó Fernández.

La aventura se inició en marzo de 2019 y, a poco de andar, comenzaron a programar entre dos y tres espectáculos por mes. La falta de un equipamiento adecuado los obligó a recorrer el camino inicial con humildad, por eso convocaron a solistas, dúos o tríos para garantizar la calidad de los shows. Pero se asociaron con Q sonido y dieron el salto que les permitió traer a bandas más numerosas.

La pandemia con su impiedad significó un duro golpe porque puso en evidencia las debilidades de un sistema en el que la cultura no es tenida en cuenta. “Estábamos por inaugurar el escenario nuevo y llegó la cuarentena, por lo que tuvimos que suspender las actividades. A partir de ahí fue la debacle de todos los espacios que no tenemos estructura”, explicó Fernández.

A pesar de que la emergencia cultural nunca fue declarada por el gobierno nacional, debido a que lo hubiese obligado a sostener económicamente a los espacios culturales, recibieron la ayuda que les permitió superar los tiempos de pandemia.

“De manera indirecta, y a pesar de no tener personería jurídica, los subsidios que nos otorgaron en dos oportunidades mediante el fondo Desarrollar nos permitió solventar el alquiler y los servicios, de lo contrario hoy estaríamos cerrados”, reconoció Fernández.

La emergencia hizo evidente la desprotección de todo un sector cultural que trabaja sin un marco legal que lo ampare. Esta desigualdad unió a más de una decena de espacios para trabajar en conjunto y lograr el reconocimiento legal.

“Nos sumamos a la Red de Salas Teatrales de la provincia de Buenos Aires. Desde este espacio en estos dos años se logró sacar una ley provincial marco para la habilitación salas teatrales, centros culturales y también casas taller”, explicó una de las fundadoras de El Galpón.

El paso siguiente es la adhesión a la ley por parte del Municipio de Morón a través de una ordenanza que debe ser aprobada por el Concejo Deliberante.

Valeria Fernández, una de las fundadoras de El Galpón

“En la actualidad no hay una ley que nos habilite. Nosotros tenemos una actividad que es legal, como el dictado de clases y la producción de espectáculos, pero no tienen ningún marco legal. Por ejemplo, vos tenés un restaurante vas a Comercio del Municipio y tramitás la habilitación. En nuestro caso eso no existe, no sólo acá sino en el 90% del país. En uno de los pocos distritos que está reglamentado es en La Matanza, que se dio en 2015 por la lucha de estos espacios”, explicó Fernández.

Por eso, para cambiar esta realidad en el distrito de Morón se formó durante la pandemia una agrupación denominada Trama, que incluye a 10 espacios autoconvocados entre casas taller, salas teatrales y centros culturales del partido de Morón para luchar por el tratamiento de una ordenanza que deje atrás el estado invisibilidad en el que se encuentran.

Fernández, aclaró que hay diálogo con el Municipio y que se inició una etapa que puede derivar en un trabajo conjunto para el reconocimiento legal de estos espacios culturales.

“La habilitación no es sólo para una pandemia porque hoy no hay un Estado que acompañe. Tenemos un reconocimiento municipal, sabe que existimos, pero legalmente no sirve”, sentenció Fernández.

A pesar de los inconvenientes el centro cultural creció de manera sostenida: de los 33 espectáculos programados en 2019, superaron los 80 este año. Además, lanzaron la nueva convocatoria para que artistas produzcan obras de teatro y músicos programen fechas para sus shows durante 2022.

Por otra parte, abrieron la inscripción para los talleres que comenzarán en febrero: Teatro para niños y niñas, adolescentes y adultos; montaje, clown, tango, exploración del movimiento y danza jazz para niños y niñas.

Para continuar por la senda del crecimiento lanzaron el club de amigues, a través del cual las personas que se suman reciben beneficios como el 2×1 en las entradas, el envío de la programación por WhatsApp y variadas propuestas. Para formar parte del club hay que enviar un mensaje por Instagram o al WhatsApp (1559514664) con el texto: “Quiero ser parte del club”.

A pesar de los imprevistos y del esfuerzo que implica que un espacio cultural continúe con sus puertas abiertas cada día, un grupo de artistas decidió respetar el mandato de la vocación. Y allá van, con sobresaltos pero sin bajar los brazos, porque saben que el futuro lo hacen los soñadores.