La Plaza Bomberitos fue el epicentro de una noche de descontrol en la víspera de Navidad

La postal ofrecida por la Plaza Bomberitos en Noche Buena pareció una imagen de tiempos de prepandemia, repleta de personas como si se tratara de un festival de rock. Una marea de jóvenes ocupó el césped del espacio verde y las calles que la circundan, con motos y autos estacionados que fueron utilizados como inmensos parlantes para invadir el espacio aéreo con música, pero que también fueron usados como repositorios de bebidas alcohólicas para garantizar el éxito de una fiesta que había sido anunciada previamente por las redes sociales.

De la misma forma que en años la Avenida Palacios fue el punto elegido para dar rienda suelta al descontrol, lo mismo ocurrió el 24 en la Plaza Bomberitos.

Lo llamativo es que no estuviesen apostados de manera preventiva móviles policiales para impedir el desenfreno. No para evitar que los jóvenes se diviertan y expresen su alegría, pero sí para asegurarse que los efectos de los excesos no deriven en escenas violentas y robos que atenten contra los derechos de los vecinos.

Las familias que habitan en las manzanas lindantes a la plaza estuvieron atrapadas y atemorizadas en sus propias casas. No pudieron ni se atrevieron a salir, por lo que observaron con temor e impotencia a la multitud descontrolada.

Una de las vecinas que padeció el desenfreno de los jóvenes contó que “rompieron lo que tenían a mano, se subían a las rejas para entrar a las casas y hacían sus necesidades en cualquier lado”.

Otra de las frentistas expresó su ira al señalar: “Así se divierten. Mucho alcohol y droga. No saben divertirse sin alcohol. Dónde están los padres que no ven que sus hijos se llevan alcohol de sus casas”.

Pero, además, la multitudinaria reunión se produjo en el momento en el que se multiplica la circulación comunitaria de la variante Delta en el territorio bonaerense por lo que se transformó en un foco masivo de contagio.

Cuando comenzó a asomar el sol, como si se tratara de vampiros, la zona quedó despejada por completo, aunque muchos jóvenes tuvieron que ser llevados por algunos de sus conocidos por el estado de inconciencia en el que se encontraban.

Las veredas y las calles, a plena luz del día, brindaban un espectáculo escalofriante: vidrios rotos, botellas, pedazos de tejas, múltiples objetos y todo tipo de suciedad eran la prueba evidente de una noche de descontrol que, precisamente, no fue buena para los vecinos.

Falta de educación, desinterés por los lugares públicos y por el barrio, falta de empatía con los vecinos, oportunismo para cometer robos, falta de control policial. Todo eso y más dejaron los festejos de una feliz Navidad en la Plaza Bomberitos.


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