viernes, julio 19, 2024
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Dos nuevas editoriales se suman a la oferta editorial local

(Por Dolores Pruneda Paz) Dos sellos independientes, Híbrida y Club Editor -uno local y otro extranjero, catalán; uno con apenas días de vida, el otro con más de 60 años de historia; uno dedicado a rescates, el otro a obras y a “obreros de la escritura” icónicos y poco conocidos en Argentina- apuestan, más allá de crisis sanitarias o económicas, al mercado lector nacional con propuestas potentes que mueven el amperímetro de la oferta librera.

Híbrida es creación de Sergio Criscolo y, tiene entre sus editores, nombres que inmediatamente remiten a un circuito comprometido en sus búsquedas literarias y consolidado fuera del mainstream. De Club editor puede decirse lo mismo, sólo que los nombres de sus creadores y de quienes hoy lo dirigen, Alejandro Dardik y María Bohigas, no han estado tan a la mano de quienes hacen talleres, escriben y van a presentaciones y charlas literarias, que son quienes suelen leer, consumir las obras y producciones que traen consigo este tipo de sellos.

Los títulos que suman estos libros recién llegados a las estanterías libreras y a páginas de venta online con llegada a Argentina, son seis para empezar: dos de autores catalanes de culto y outsiders en algún sentido, singularmente recuperados y revalorizados por el público millennial -“La muerte y la primavera”, de Mercé Rodoreda (1908-1983), y “El mar”, de Bali Bonet (1926-1997)’-, que corren a cuenta de Club Editor.

Los otros cuatro libros, responsabilidad de Híbrida, son de autores sudamericanos, a saber: “Aspas”, de la poeta entrerriana Belén Zavala (Paraná, 1982); “El placer de abandonar”, de Schoë Blintsjia (Buenos Aires, 1979); “Elis Regina, una biografía musical” del compositor, músico y productor discográfico gaúcho Arthur de Faria (Porto Alegre, 1968); “El corazón adelante”, de Inzillo (Buenos Aires, 1979), además de editor de Híbrida y de revistas como Brando, y fundador de la Red de Periodistas Musicales de Iberoamérica.

Pareciera que no hay crisis capaz de desalentar una aventura editorial emancipatoria, autonomizada de un mercado hegemónico que marca las reglas de una economía que no las alcanza. En tiempos liminales como el más álgido de la pandemia, hace muy poco, los actores del mercado librero se sorprendieron también con el surgimiento de nuevas editoriales y librerías y con una reformulación resiliente de sus circuitos de producción y consumo, ¿qué hace que cuando la economía parece ir en contra de todo puedan surgir y ramificarse proyectos como éstos?

“Creo que está en su ADN: los sellos independientes no nacen con el fin primordial de hacer dinero, buscan ser uno más de los actores en la circulación de bienes culturales. Claro que no puedo generalizar, a los editores que conozco no es que no les interese tener ganancias y una retribución por la inversión y el esfuerzo que lleva abrir una editorial, sólo que claramente no es la razón de su ser. Entonces, ante una gran crisis, las cadenas del rubro que sea se vuelven más conservadoras y quedan más visibles las acciones de los más pequeños, que funcionamos con las reglas del mercado, pero que también nos rigen otras reglas menos materialistas”, dice a Télam Sergio Criscolo. 

Club Editor llegó a la Argentina y está en librerías de todo el país con impresiones locales, por ejemplo, y con eso trabaja precios de imprenta y transporte muchísimo más baratos que los europeos, pero también “es una manera de hacer que produce y reparte la riqueza en el lugar donde se consume”, explica Alejandro Dardik. 

¿Las expectativas? “Todo va a depender si a nuestros potenciales lectores les interesan los libros que publicamos, creemos en ir creciendo poco a poco y tenemos muchos libros muy buenos que deseamos publicar -dice Criscolo-. Nos interesan libros bien escritos que cuenten una historia interesante, debajo de ese paraguas hay miles y miles de opciones. Sí puedo decir lo que no nos interesa: libros snobs ni una editorial elitista o pretenciosa, queremos libros inteligentes que vayan de la mano de lo masivo, que no tengas que haber leído todo Saer, Gombrowicz y ‘Ulises’ de Joyce para disfrutar de nuestros títulos”.  

Las preocupaciones que mueven al Club Editor “siguen siendo las inherentes al oficio de hacer libros: comunicación y transmisión -resume el catalán-. De hecho quisimos que nuestro plan editorial sea temático y estructuramos las publicaciones de 2023 alrededor de la carta y para 2024 planteamos como tema la obsesión amorosa en sentido amplio, desde la pasión física a los amores que matan, e incluirá como mínimo dos títulos de originales catalanes contemporáneos”.

Club Editor, tal como indica Dardik, “es una editorial inscrita en la cultura catalana y barcelonesa que actualmente publica el 90% en catalán, pero también estamos haciendo un esfuerzo por traducir al castellano y también traducimos en otros idiomas y algún original castellano. Este año publicamos ‘El parasimpático’, por ejemplo, del gran poeta argentino Edgardo Dobry, que fue galardonado con el Premio Ciudad de Barcelona 2021 de literatura castellana, del cual hicimos una pequeña edición para presentar en Rosario y Buenos Aires este mes”. 

“La traducción es sin duda una obra nueva y el traductor, su autor, pero hay que poder distanciarse del original sin traicionarlo nunca -agrega el catalán-. Las trabajamos como lo que son, un puente, que la nueva obra se incorpore al corpus de la literatura de acogida”. Pero si el paso de una lengua a otra es central en la labor del sello europeo, el concepto de hibridaje es eje del que nace de este lado del Atlántico.

“Es un signo de nuestro tiempo -asevera Cricolo-, no es una moda, llegó para quedarse al menos varias décadas. Se ve claramente con géneros sexuales, con las nuevas visualizaciones y derechos y pasa también, por ejemplo, en el cine: hay ficciones que tienen la estética de los documentales y más verdad que algunos de ellos, y documentales ficcionalizados o muy intervenidos. Está también el teatro de guerra de Lola Arias donde, una obra documental con no actores que pasan a ser actores que a la vez fueron protagonistas de una guerra”.

“Los géneros en literatura o en obras culturales están en manos de los libreros y críticos, a nosotros nos da igual -concluye el argentino-. Nos gustaría ahondar en esa mezcla que resulte inclasificable para Yenny, aunque no vamos a dejar de publicar libros que, claramente, críticos y librerías van a poder definir, se van a poder poner en los estantes de novela argentina o de teatro. Ser híbridos es sostener la libertad de editar lo que se nos cante sin preguntarnos dónde se encasilla ese texto y de jugar a la hora proponerle a gente que escriba textos para nuestro catálogo”.