martes, junio 25, 2024
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Las adicciones en mujeres, una problemática invisibilizada y vinculada a la violencia sexual

(Por Ornella Rapallini) A partir del registro de llamadas a la línea 141, la titular de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas (Sedronar), Gabriela Torres, sostuvo que el consumo de sustancias psicoactivas está “invisibilizado” en las mujeres, quienes, al pedir ayuda a esa vía de contacto oficial, “lo hacen para otros y en menor medida para sí mismas” debido a los “estigmas” sociales que pesan sobre ellas.

Las estadísticas de la Sedronar revelan que el 75% de llamadas a la línea 141 de atención, acompañamiento e información sobre consumo de sustancias son hechas por mujeres, quienes en ocho de cada diez casos piden por un hombre, un hijo, marido, o sobrino.

“Hay una cuestión de género en cuanto a tareas de cuidado, como si ellas (las mujeres que llaman al organismo) fueran responsables” frente las adicciones o consumos problemáticos de sus varones allegados, señaló Torres a Télam.

Algunas de las causas que halló la Sedronar en esa “invisibilización” se vinculan al “doble estigma” de que por ser mujer se las culpa por consumir, por ser algo incompatible con los mandatos hegemónicos que “las ubican en el lugar del cuidado de otras personas”.

En cambio, el consumo en los varones “muchas veces naturalizado”, es más bien asociado a “estereotipos de género de la masculinidad hegemónica”.

“Siempre el consumo problemático es un síntoma de un montón de situaciones que hay que desarmar”, subrayó Torres. 

La funcionaria agregó que el Estado “enmarca la problemática del consumo en un problema de personas, no de sustancias, es decir, es un problema de derechos humanos, que tiene que ver con el mal vivir, la trayectoria de vida, la posibilidad de haber accedido a cuidados, la historia de su cuerpo, la historia de la construcción de su subjetividad y después la época y el contexto. No se trata solo de eliminar la sustancias circulantes porque el malvivir no se resuelve solo con eso”. 

A su vez, señaló que si bien en general el consumo de drogas en mujeres está invisibilizado y paradójicamente “hipervisibilizado”, cuando “sale una mujer que dice yo consumo y la sociedad te castiga mucho más”. 

Lucía Capra (32) es psicóloga social y coordinadora de la Casa de Atención y Acompañamiento comunitario (CAAC) conveniada con la Sedronar Kuña Guapa -“mujer trabajadora” en guaraní-, ubicada en el partido bonaerense de San Martín para la problemática de mujeres e integrantes del colectivo LGBTQI+, en especial aquellas personas afectadas por el consumo problemático de sustancias y por situaciones de violencia.

“Los riesgos para las feminidades están muy vinculados a la violencia sexual, a la estigmatización de las tareas de cuidado sobre las infancias que tengamos a cargo, y a penalizar la grupalidad”, explicó Capra a Télam.

“Para nosotras, la reducción de riesgos y daños tiene que ver con primero conocer la vida de esa compañera, para poder hacer una intervención que la ponga a ella como protagonista y sujeta de derechos, un camino muy difícil de construir, y en general se tarda mucho tiempo”, agregó.

Entre las personas que asisten a la casa está Cintia Quetglas (39), quien, luego de ser asistida durante algunos años, se transformó a su vez en promotora territorial y hoy es ella quien asiste a otras feminidades en ese proceso con una primera escucha.

“En un montón de cosas te juzgan por ser mujer”, dijo Cintia a Télam.

“Llegué hace seis años a Kuña por problemas de violencia de género y de consumo de cocaína y alcohol, que consumía desde los 14 años -añadió-. Vine porque me ofrecieron trabajo: ayudar a otras personas”.

En la actualidad, la joven da talleres sobre reducción de daños y anticonceptivos a personas en situación de consumo problemático sobre cómo reducir el riesgo porque -explicó- “en ningún momento se les puede decir que dejen de consumir, no se puede dejar (la sustancia que fuere) de un día para el otro, también yo fui trabajando mi consumo”, explicó.

Cintia se dió cuenta de que su consumo era problemático cuando perdió a su hija, que se había ido a vivir a lo del padre, y cuando notó que mantenía el consumo durante uno de sus embarazos.

“Kuña Guapa es todo para mí, -resumió- gracias a la casa puedo estar bien con mi bebé, no hablo de lo económico, hablo del compañerismo, de que se preocuparon siempre por mí y de que estuvieron al lado mío sin juzgarme cuando recaí, siempre apostando en mí y en muchas compañeras más”.

En tanto, ayudar a otra feminidades para Cintia es “algo relindo y triste a la vez cuando recién empiezan a abordarlo”. 

Lo que les explica en los talleres son “los cuidados al consumir y después de consumir” a quienes en la actualidad buscaron ayuda porque ya consumen, para que “vayan dejando de a poco, se cuiden y tengan un consumo no problemático”, concluyó.

Gisel Coronel (24) también vive en San Martín y tiene dos hijas, una de 8 y otra de 6. “Soy tucumana, vine acá cuando tenía 14 años. Consumía cocaína, pero hace más de un año y medio tengo controlado el consumo y trabajo ayudando a otras pibas”, contó a Télam.

Ser mamá soltera fue “muy difícil” para ella. Cuando pudo identificar que lo que estaba pasando era violencia de género y se separó del padre de sus hijas buscó trabajo en una panadería de José León Suarez y lo primero que le preguntaron fue si tenía hijos. “Cuando les dije que sí me contestaron que no me tomaban”, relató angustiada.

“El proceso para controlar el consumo fue de a poco”, señaló Gisel y recordó que, aunque le costó porque “no arrancaba o volvía para atrás”, siempre la hicieron sentir “muy acompañada” en Kuña Guapa.

En cuanto a su actual función como promotora, la joven explicó que lo que hace es acompañar la vida en general de las personas a las que asiste, “desde un taller hasta ir con ellas a un turno médico o escuchas para que no se sientan solas”. Para ella, más que un trabajo, son su “familia”. 

Con respecto a la reducción de riesgos y daños en la Argentina la titular de la Sedronar explicó que “no es una política sino una estrategia entre otras intervenciones”, que tiene que ver con aceptar a las personas “como vienen” para atenderlas, y si es necesario “ofrecer una ducha, comida, venir unos días antes de que puedas hablar con alguien, para bajar esa compulsión”.

En ese sentido, apuntó que “hay que usar estrategias para que esa persona empiece a confiar en alguien y que empiece a ser parte de un proceso de acompañamiento, no se trata solamente de darte información sobre las sustancias que consumís, sino que es considerar que el otro no es culpable de lo que pasa porque no es un problema de voluntad individual”.

La Sedronar tiene una red de atención de 800 espacios de atención con diferentes modalidades en todo el país.También trabaja en conjunto con las 24 jurisdicciones, municipios, organizaciones sociales y eclesiales, sindicatos, universidades, con espacios de primera escucha, casas comunitarias en los territorios, lugares armados por los municipios donde Sedronar financia profesionales y mantiene convenios con instituciones privadas para subsidiar la internación de personas.

“En la Argentina tenemos 58 mil tratamientos ambulatorios por mes en espacios de Sedronar, y más de 6000 personas en espacios convivenciales. Es muy importante que el Estado tome posición en la atención porque si no se habla solamente de la sustancia y poco de las personas. El cuidado de las personas es un tema de todos”, concluyó Torres.