miércoles, mayo 22, 2024
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Entrevista a Luisa Kuliok, que presenta la obra Juana Vive en Ramos Mejía

Por Luz Ailín Báez, Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidades de La Matanza.

Se ganó un lugar en la memoria popular por ser protagonista de icónicas telenovelas como Amo y Señor (1984) y La Extraña Dama (1989). Actualmente forma parte de la colectiva feminista Actrices Argentinas y representa a Juana Azurduy en cuatro funcione gratuitas en Ramos Mejía con Juana Vive!, obra nominada en 2022 a los Premios Ace (mejor obra y actriz en el género).

Estás trabajando en una obra que reivindica a Juana Azurduy, que murió prácticamente olvidada por la sociedad de ese entonces, en Chuquisaca (actual Sucre, Bolivia) y posteriormente fue borrada de la historia oficial de nuestro país. ¿Qué se siente encarnarla en esta obra de teatro?

Primero una gran responsabilidad. Yo, que hice muchas heroínas tanto en televisión como en teatro, nunca había encarnado a alguien que existió en la realidad. Hubo mucho tiempo de insistencia de la directora de Rosa Celentano, quien además es amiga personal. Me llevó mucho tiempo aceptarlo y sentir que estaba en condiciones de tomar el desafío. ¿Cómo hace una actriz para poner en el cuerpo una mujer como Juana, con semejante ideario? Porque su batalla era para concretar lo que ella sentía y pensaba respecto de la humanidad, respecto de los pueblos, respecto de la soberanía. Entonces, ¿cómo se hace para atravesar por el propio cuerpo una gesta como esa y traducirla en un escenario? Finalmente me decidí en 2019 y pudimos por fin, concretarlo.

Y de verdad era tan necesario poner esta historia en valor, como decís, reivindicar el tamaño de esta mujer, no sólo en el sentido de la gesta heroica de la batalla y de su ideario, sino el ideario femenino también, ¿no? Lo que significó ella en una época donde la mujeres sólo estaban destinadas al convento o el matrimonio. Decidir la libertad y la que le corresponde como derecho a todas las mujeres. Eso fue una lucha extraordinaria que ella llevó adelante. Es el ejemplo de una mujer entera que se anima a luchar contra todos los cánones de la sociedad, incluso enfrentándose a su marido [Manuel A. Padilla] para acompañarlo y que él acepte que eran pares.

Cuando pasas por tu cuerpo a este personaje tan emblemático y real como decís, ¿Cuánto hay de vos y cuánto hay de lo que trae la historia guionada?

Cuando se elige interpretar un personaje es porque algo de ese personaje una ya lo tiene como búsqueda y como intención de vida. Más cuando se trata de un proyecto personal. A mí no me llamó un productor o productora, sino que fue la directora quien me lo propuso. Es un trabajo de autogestión junto con mi compañero de vida y de obra que es Roberto Romano y estamos cumpliendo ese sueño. Ansiábamos estar compartiendo un escenario y una misma historia. A mí me ilumina interiormente y entonces yo quiero representarla, quiero contar esta historia y contagiar con esta historia.

Yo le doy todo mi cuerpo, mi emoción a Juana y ella me nutre con su propia historia y aparece ahí un salto de la imaginación donde se produce esa simbiosis entre el personaje que existió en este caso y la propia humanidad de quien lo representa. Y ahí se produce un hecho que es un camino de investigación. Es lo interesante de la búsqueda del teatro. Nunca sabes cuál va a ser el resultado. En este caso, estamos verdaderamente muy felices y honrados porque es recibida fantásticamente. Sabemos lo que le pasa a la gente, porque, como dice la directora, todas las personas nacen con el deseo del heroísmo, con el deseo de poder construir en una comunidad, con el deseo de sacar afuera lo mejor que tienen. Luego la vida te va corriendo de esos caminos, pero siempre hay que volver al centro. Y como me dijo alguien, esta Juana es una invitación a que cada persona saque su propia Juana Azurduy, la que tiene adentro. Y esto no significa tomar las armas, significa encontrar ese lugar que desde el propio deseo signifique también un aporte y una participación en la comunidad.

¿Creés que Juana Azurduy, en esta coyuntura actual, sería feminista? 

No tengo ninguna duda. Lo fue cuando le dice a [su esposo] Padilla “¿mujer para el lecho no tiene derechos?” No sabemos si dijo exactamente eso pero este gran investigador, historiador y dramaturgo que fue Lizarraga [escritor del libro en que se basa la obra] le pone esas palabras en la boca, por lo que se cuenta a lo largo de toda la historia que era Juana. Por eso creo que Juana iría adelante con el estandarte y estaría a favor de la diversidad de géneros posibles para que cada persona sea y se sienta plena.

¿Por qué tardamos tanto en tener una obra teatral sobre Juana Azurduy interpretada por una actriz de renombre como vos?

Yo creo que en este momento lo que pasa con nosotros también es que el clamor de las mujeres finalmente ha tomado todas las calles y esto es un trabajo de muchos años. Esto no empezó en el 2018, empezó hace siglos. Con mujeres que ya sea a viva voz o en silencio fueron construyendo la rebelión imprescindible. Esta eclosión de hoy es producto de muchos años. Por eso es tan importante la memoria y saber que el hoy depende de la memoria, de lo de lo hecho, de lo vivido, de lo construido, de los sueños.

¿Qué se siente estar estrenando cuatro funciones en La Matanza, de la mano de la Secretaría de Mujeres, Políticas de Género y Diversidad?

 Mucho agradecimiento. Nosotros hicimos cuatro funciones para inaugurar el Espacio Leónidas Barletta, donde era el Teatro El Pueblo, en el mes de la Mujer y nos han honrado presencias realmente entrañables, sumamente respetadas, una de ellas, Liliana Hendel, que generó este movimiento para que podamos hacer justamente todas estas funciones también con el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades Sexual de la provincia. Hacer estas cuatro funciones, incluso una función para jóvenes estudiantes, creemos que es muy importante porque vos podés enseñar la historia, pero cuando lo ves en una obra, la vibración es tan enorme y las, los, les jóvenes asistiendo a esto van a tener una experiencia bellísima. El humor, la ironía, la inteligencia, la ternura. Todo eso hay en la obra. Roberto, Rosa [Celentano, la directora] y yo nos sentimos muy agradecidos de que hayan tomado la posta de llevarla a La Matanza para generar con las identidades de cada lugar nuestra propia experiencia y hacer esos intercambios.

– ¿Qué les dirías a quienes aún no han visto la obra?

¡Que no se la pierdan! (risas). Creo que es una invitación a vivir un momento muy único como es el teatro. Primero, porque el teatro es solo un cuerpo vivo, todos los del escenario, los de lo que están asistiendo al hecho de comunión único que vibrar al unísono. Me parece que, si siempre fue única la experiencia del teatro, en estos momentos, luego de la feroz pandemia, más. Encontrar los cuerpos vivos ahí, para repensarnos, para sentirnos, para seguir aprendiendo, para abrir otras puertas. Es ver teatro con historia, donde está nuestra propia historia que alumbra para estos momentos y nos ayuda a ver quiénes somos, dónde estamos parados y qué queremos para el futuro, para dejar a nuestros descendientes, al pueblo que nos va a seguir, a todas las personas.