Pandemia y Ansiedad: transitar la incertidumbre

Por Lic. Leonardo Núñez

En un momento histórico, triste, con recesiones económicas a escala global y en medio de una pandemia que no cesa, nos encontramos ante diversos interrogantes a partir de los cuales existen distintas consecuencias sociales que forman parte de la cotidianidad, y una de ellas es la ansiedad. Si bien la misma forma parte de las emociones naturales que vive una persona ante determinados eventos, resulta necesario identificarla a partir de síntomas como el miedo, la irritabilidad, la preocupación, la falta de concentración, la inquietud, entre otros, pero a niveles más significativos, que de alguna manera obstaculicen el día a día. Asimismo, los trastornos vinculados con la ansiedad, el estrés y las tendencias que se vienen observando respecto de las dinámicas excesivas  -y por lo tanto disfuncionales- del mundo capitalista globalizado, donde cada vez ‘hay menos tiempo’ para relajarse respecto del trabajo, de las presiones sociales, de los compromisos e incluso de las redes sociales, han ido deteriorando la armonía de las personas que viven, sobre todo, en las grandes ciudades, y en esta vorágine, los síntomas de estrés y ansiedad que ya venían progresando por el contexto mencionado, se ven nuevamente en sintonía con un momento de mayor tensión en todos los niveles, sociales, económicos, políticos y culturales, a partir de la aparición del coronavirus y de la incertidumbre generalizada acerca de su progreso y esperada extinción. Es así que, de a poco, se empiezan a naturalizar hábitos –como el uso de tapabocas, la utilización y refuerzo del ámbito online en diversas empresas y sectores de trabajo, el distanciamiento social, el hecho de no compartir ciertas cosas, como el tradicional mate, entre otras cuestiones- y, a su vez, a naturalizar dicha incertidumbre, como parte de nuestra vida.

Sin embargo, lo que también resulta necesario tener en cuenta, es que puede comenzar a naturalizarse a la misma ansiedad, con las consecuencias que acarrea, deteriorando la vida de las personas en todas sus manifestaciones, generando conflictos en el día a día y situaciones vinculadas con la salud, sin retorno, en casos graves. Vivir en lo cotidiano con síntomas de ansiedad o estrés, como de cualquier otra índole que afecte la salud, al volverse crónico, resulta cada vez más determinante en el daño que pueda provocar en cualquier persona. Es así que no hay que dejar de prestar atención, identificar y actuar respecto del malestar que generan. Y, en este sentido, habrá que comenzar a transitar la incertidumbre acerca de todo lo vinculado al fin o continuidad de la pandemia, pero atendiendo a las manifestaciones psíquicas y somáticas que generen un malestar, asistiendo a terapia y consultando con los médicos que correspondan. Y, en definitiva, como dice la conocida frase, ‘no esperar que pase la tormenta, sino aprender a bailar bajo la lluvia’.


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