Subjetividades y Nuevos Escenarios Tecnológicos

Por Lic. Leonardo Núñez

Las implicancias que pueden tener los usos y hábitos tecnológicos en materia social han disparado incontables estudios, teorías, posicionamientos y debates que han formado parte del mundo académico y de los medios durante décadas. Y, si bien las posturas y opiniones pueden disentir, una cosa es segura, y es que la utilización de tecnologías impacta en las relaciones entre las personas, por lo que esto abarca, por supuesto, a las subjetividades.

Es así que, frente a los nuevos escenarios donde la pandemia ha generado la necesidad de utilizar las tecnologías de la información y de la comunicación de una manera inesperada y, en muchos casos, obligatoria, las relaciones sociales también se ven atravesadas por dichos marcos, y resulta interesante pensar de qué manera este impulso a partir del conflicto con el coronavirus a escala global puede estar modificando estructuras relacionales y creando nuevos aspectos en las construcciones de la subjetividad, sobre todo en lo que respecta a niños/as y jóvenes, quienes van construyendo, cada vez más mediante Internet, aspectos de sus subjetividades, teniendo en cuenta que las construcciones de las mismas es con otros, debido a que somos sujetos sociales, es decir, somos sujetos a partir de un Otro.

En este sentido, si bien lo que señalo no pretende, en este caso, mostrar argumento alguno que refuerce o analice posicionamientos como los vinculados al ‘determinismo tecnológico’, sí creo que este impulso que vivimos en un momento histórico atravesado por la pandemia, tendrá consecuencias, tanto funcionales como disfuncionales, en las nuevas subjetividades.

Al respecto, si nuestras construcciones de la realidad, nuestras ideologías, maneras de entender al mundo, posicionamientos en los diferentes ámbitos de la vida y la incorporación de nuevos hábitos en lo cotidiano se vienen observando cada vez más en relación de influencia con las experiencias que permiten adquirir Internet y las tecnologías, entonces resulta difícil calcular o tener nociones aproximadas del impacto que pueden ejercer contextos en donde las relaciones entre individuos ya no utilizan a las tecnologías, a las redes sociales, a los foros y a la web en sus diversas variantes y opciones como excepción o complemento, sino como única alternativa en un marco de aislamiento, donde la ‘relación a distancia’ es la regla.

En este contexto, también las identidades encuentran nuevas maneras de trazar dichas construcciones de mundo, por lo que, en muchos casos, esto puede generar algún tipo de ‘conflicto psíquico’ respecto de la sobreinformación y la dinámica con que se presentan distintos movimientos ideológicos, con diversos posicionamientos políticos y culturales, éticos y morales, donde la superabundancia de paradigmas sociales puede implicar que los sujetos se vean ‘desestabilizados’ respecto de sus maneras de ver el mundo, propias y a partir de los pilares que han sostenido sus entornos desde pequeños.

Es decir, para los sujetos, para las identidades, se necesita cierta estabilidad en diversos aspectos o momentos, y ante las nuevas construcciones –que pueden ser tanto funcionales como disfuncionales, eso dependerá de cada situación e individuo en particular- pueden existir elementos que modifiquen, además de los hábitos, también las creencias,  maneras de pensar y construir la realidad, que en casos más paradigmáticos, pueden desatar crisis personales que terminen consolidando algún tipo de sintomatología y alterando la cotidianidad.

Es así que, las novedades y cambios que generan las tecnologías impactan profundamente en materia social, abarcando las subjetividades y las construcciones colectivas. Al respecto, ya el autor José Luis Orihuela, en sus ’10 Paradigmas de la e-Comunicación’, señalaba, respecto de la personalización de contenidos, que “un modelo de comunicación personalizado a la medida de cada usuario tiende por definición a eliminar los referentes comunes, y si no hay una agenda pública, no hay opinión pública”.

Si bien, esto resulta interesante para analizar, entre otras cuestiones, al ámbito de los medios, puede resultar útil también hacer un paralelismo con las implicancias que puede tener una comunicación atravesada por las tecnologías, en términos de un aumento exponencial de la utilización de las mismas en corto plazo, en un contexto que obliga a ello, en la forma de pensar, sentir, actuar y relacionarse de cada individuo expuesto a la virtualidad a la manera de, como mencioné anteriormente, regla y ya no excepción o complemento.

Por ello, entre otras cuestiones, resulta necesario identificar la importancia de estos nuevos marcos o esquemas en la relación tecnología-subjetividad, lo cual invita a pensar y analizar sus implicancias en un momento histórico que nos atraviesa a todos y a todas.


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