Los vecinos de Virrey del Pino, desde hace más de una década, se enferman por la contaminación de Klaukol

Por Valentina Romero

Virrey del pino es una localidad que desde hace 13 años es sinónimo de injusticias. Sus habitantes sufren enfermedades producidas por la contaminación de la empresa de construcción de adhesivos y pastinas, Parex-Klaukol y desde ningún ámbito institucional recibieron ayuda.

Fue en septiembre del 2009 cuando todo comenzó.

Una mañana de primavera, explotó la tolva de la fábrica ubicada en la calle Miravé al 10.059. Eel barrio quedó bajo un manto particulado de sílice cristalino por casi tres días. Fue entonces, cuando los empleados de Parex-Klaukol pasaron casa por casa, para pedir las firmas de los vecinos y, a cambio del silencio, les ofrecían artículos de limpieza y dinero.

La corrupción y la lucha por sobrevivir recién comenzaba.

A partir de entonces, la localidad más grande del municipio de La Matanza se vio condicionada por cuestiones políticas, ambientales y sociales que repercutieron en la salud física y emocional de los habitantes ubicados a la vera de la Ruta Nacional número 3.

Al pasar los meses, la problemática se agravó cada vez más. Aparecieron los innumerables casos de cáncer, problemas respiratorios, enfermedades neurológicas y dermatológicas. La sala de emergencia del médico Matías Moran, no daba abasto.

El medico clínico, atendió diversos casos de ex obreros con compromisos respiratorios, quienes le comentaron lo que realmente ocurría en la fábrica: “En la zona del paletizado hay mucho material particulado depositado en el piso y los hornos de secado, no tienen la altura que supuestamente deben tener, por lo que se rompen y emiten el material particulado por los conductos hacia las afueras de la fábrica”.

Los vecinos y el doctor Moran no se quedaron con los brazos cruzados, decidieron tomar cartas en el asunto e iniciaron múltiples asambleas contra la empresa, huelgas de hambre y marchas frente al condominio, crearon una organización de Vecinos Autoconvocados y realizaron juicios contra la inoperancia de la OPDS y ACUMAR por no controlar adecuadamente la actividad industrial.

Asimismo, contrataron un abogado, debido a que la justicia y los funcionarios públicos de La Matanza no se hicieron responsables, quien los ayudo a descubrir y corroborar que la fábrica incumple normativas, como la Ley 11.459 (1998) que regula la radicación de industrias.

Susana Aranda, vive hace más de 47 años en el barrio cercano a Parex Klaukol, donde vio crecer a sus hijos y a sus nietos. Ella es una de las creadoras de la Asamblea e incentivó las huelgas de hambre. Se niega a abandonar su hogar y dejarse vencer por la contaminación del agua, de la tierra y del aire. Tiene una postura definida ante la paralización de la causa y es que los jueces y médicos no se hacen responsables porque reciben presiones políticas.

 “Una persona que se infectó, donó su cuerpo para poder hacer la autopsia y confirmar la contaminación, la policía después de tres años mandó una carta diciendo que el cuerpo no sirvió más y no podían hacer nada porque no contaban con los recursos económicos necesarios”, mencionó la vecina.

Los años transcurren y las peticiones de justicia por parte de los vecinos no cesan. “No podemos seguir viviendo de esta manera, no podemos respirar y no nos queda otra opción que mudarnos de nuestras propias casas”, relató un miembro de la Asamblea contra Parex Klaukol.

Se obtienen respuestas inconclusas por parte de la OPDS, quienes adjuntan resoluciones mediante las cuales se les otorga la renovación del Certificado de Aptitud Ambiental, pero no se halla el registro del otorgamiento, ni los permisos de explotación del recurso hídrico y/o vuelco de efluentes líquidos residuales.

En 2014, comenzaron a notar que el agua estaba contaminada, por lo que gestionaron una muestra de agua residual de La Matanza realizada por AYSA, que evidenció la presencia de efluentes corrados -ph=7 y sedimentos floculosos.

Por otro lado, en 2017, según un informe realizado por EISAAR, el agua contenía cloruro, nitrato y solidos disueltos totales y para ese momento, había 65 casos de enfermedades del sistema respiratorio y 45 casos de enfermedades de la piel en personas de entre 30 y 70 años.

Los habitantes de Virrey del Pino viven con las necesidades básicas insatisfechas. Cada vez es más preocupante su situación y los perjudicados que viven a 10 kilómetros a la redonda de la fábrica, no reciben ayuda y son condenados a no poder vivir una vida digna por la culpa de un sistema que no los protege y en el que sólo importa el rédito económico.


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