Limitación a las reelecciones de intendentes: Todo cambia para que nada cambie

Por Alejandro Gunsberg. Politólogo, docente de grado y posgrado, investigador.

Toda reforma política implica ganadores y perdedores. Así, el mundo politológico separa a las reformas en dos grandes grupos. Por un lado, las que buscan sostener el statu quo, lo cual implica una continuidad en el esquema de distribución de beneficios. Este tipo de cambio institucional sirve para reducir o impedir la emergencia de competidores que disputen el poder y los recursos que poseen los oficialismos. Este tipo de alteración institucional también puede ser empleada por una agrupación política que recientemente ha llegado al poder y que con las nuevas reglas busca asegurar su continuidad.

El otro grupo, lo integran las reformas que buscan alterar la distribución de poder buscando un nuevo punto de equilibrio. Este tipo de cambios suele ser impulsado por fuerzas políticas en crecimiento a las que las reglas existentes dificultan su llegada al poder. Algunas veces estás reformas son el producto de un acuerdo entre los oficialismos en decadencia y la oposición en auge. La estrategia detrás del acuerdo es asegurar una parte del nuevo esquema para la fuerza política en retroceso.

El problema de los cambios institucionales es que los ganadores y perdedores son cíclicos o, en otras palabras, los ganadores de hoy suelen ser los perdedores de mañana.  Las reformas que hoy favorecen a un grupo puede que en un futuro cercano dejen de ser tan beneficiosas. De allí la máxima de la famosa novela de Lampedusa, El Gatopardo, donde todo cambiaba para que, en el fondo, nada cambie.

Al inicio de la administración de María Eugenia Vidal se aprobó un proyecto de ley en el cual se restringía la reelección inmediata indefinida de los intendentes en la Provincia de Buenos Aires. A partir 2019 cualquier intendente podría tener dos mandatos consecutivos y luego tener que esperar un período en el llano para poder presentarse nuevamente como candidato al cargo.

El objetivo central de la ley fue el de terminar con intendentes que se anquilosaban en el poder. Manuel Quindimil a cargo del municipio de Lanús desde 1984 hasta 2007 es el mejor botón de muestra.  Adicionalmente, la limitación en la reelección inmediata busca equilibrar la compulsa electoral al asegurar cada 8 años una pelea por la intendencia entre candidatos que no detentan el cargo.

La modificación institucional abre algunos interrogantes que nos servirán como disparador para realizar algunas reflexiones ¿A quién beneficia la restricción en la reelección inmediata? ¿Es perjudicial para el juego democrático la posibilidad de que una misma persona sea electa para un cargo ejecutivo varios períodos consecutivos? Finalmente, ¿cómo afecta a las carreras políticas esta limitación?

Comencemos con algunas cuestiones clave para poder dar respuesta a los interrogantes. Un intendente electo que va por la reelección tiene ventajas por sobre sus competidores en al menos tres aspectos: económico, político y comunicacional. Económicamente, administra los recursos del distrito lo que le permite utilizarlos en vistas de obtener resultados electorales. En otras palabras, los intendentes en ejercicio pueden usar las políticas públicas como acciones de campaña. El control de los recursos impacta en lo político de otra manera: al poder optar entre distribuir premios y castigos entre los distintos actores y grupos puede establecer conexiones con los denominados “punteros” y otros referentes sociales en vistas de intercambiar apoyo político por bienes de cualquier índole. Un intendente con posibilidades de ocupar indefinidamente el cargo aumenta las posibilidades de controlar una extensa red clientelar que le permita mantener un porcentaje estable de votos cautivos. De aquí se desprende la consecuencia política más clara: la compulsa electoral se verá diezmada en su competitividad. Finalmente, en términos comunicacionales, los intendentes en ejercicio cuentan con una mayor cobertura mediática que los potenciales candidatos. Cualquier inauguración, obra pública, visita o comunicación oficial puede convertirse en un acto de campaña.

Entonces ¿A quién beneficia la Ley del 2016? La ley beneficia a todos aquellos que no ocupan las intendencias y aspiran a ocuparlas. Cambiemos, como fuerza política en ascenso en tierras bonaerenses (más allá de los intendentes en ejercicio y demás dirigentes provenientes del radicalismo y del peronismo), ve incrementadas sus chances de sumar intendencias con este cambio.

¿Qué sucede con el justicialismo bajo este nuevo marco institucional? Aquí la respuesta es algo más compleja puesto que es preciso diferenciar entre los distintos actores que componen la familia peronista. En aras de la simplicidad podría decirse que hay dos grandes grupos dentro del peronismo bonaerense:  aquellos que se identifican más fácilmente con el kirchnerismo y aquellos que se aglutinan bajo el denominado Peronismo Federal. Entre estos grupos es posible encontrar a los que se alinean junto a Sergio Massa y los que mantienen relaciones pragmáticas con el poder de turno. Adicionalmente, cabe señalar que dentro del grupo kirchnerista es posible identificar a los kirchneristas puros y a los que se alinearon bajo el proyecto iniciado por Néstor Carlos Kirchner. Los puros se caracterizan por haber saltado a la política o ascendido bajo el período en el cual el kirchnerismo gobernó a nivel nacional. Varios de estos dirigentes forman parte de “La Cámpora”, uno de los grupos que más se beneficia con la alteración institucional.

Al igual que los dirigentes de Cambiemos, los cuadros de La Cámpora encuentran en la limitación a la reelección inmediata una oportunidad para la llegada al poder. Bajo esta perspectiva se entiende el silencio de una de sus principales figuras, Máximo Kirchner, respecto de derogación de la ley o su modificación.

En un lugar diferente se encuentran algunos intendentes que han iniciado su segundo mandato en 2019 o bien que han solidificado su posición política. Este grupo brega por la derogación de la ley para poder continuar al mando de su distrito.

A modo de conclusión preliminar podríamos decir que la realidad política se condice con la lógica detrás del poder. Aquellas fuerzas políticas que están en ascenso y tienen chances de disputar las intendencias en el futuro prefieren mantener la limitación en la reelección. Lo mismo sucede con aquellos partidos que poseen un gran caudal de dirigentes en búsqueda de un ascenso en su carrera política. La fórmula “1+1” permite el recambio y con ello, la rotación dirigencial.

El problema aparece cuando se piensa en un horizonte temporal más extenso y se plantea un escenario donde los jugadores en ascenso se hayan consolidado. Bajo ese contexto ¿Seguirán apoyando la limitación de la reelección inmediata indefinida?

Una posible salida al dilema que presenta el cambio en la distribución de poder es una práctica bien conocida en la política argentina: la sucesión transitoria de un delfín para el regresó posterior del político estrella. Esta estrategia utilizada por Julio Roca e Hipólito Yrigoyen ha sido empleada recientemente por Fernando Espinoza (aunque Verónica Magario paso a ser vicegobernadora de la Provincia de Buenos Aires) es un ejemplo de cómo la praxis política encuentra recovecos en el orden institucional.

Finalmente ¿es perjudicial la reelección inmediata indefinida? En los albores de la democracia republicana liberal moderna, James Madison consideró positiva esa posibilidad. El argumento madisoniano es sencillo: si un funcionario electo está haciendo bien las cosas ¿por qué privar al pueblo de un buen servidor público? Asimismo, la posibilidad de la reelección oficia como un incentivo adicional para el desempeño en el cargo.  Sin embargo, Madison no vislumbró las ventajas que poseen los oficialismos en una elección ni las posibilidades de utilizar los recursos públicos para las carreras políticas personales.

La provincia de Buenos Aires representa un distrito clave para cualquier elección nacional y los intendentes jugaron un papel crucial en el Frente de Todos a la hora de traccionar votos. Al sueño del quórum propio se suma la chance de la reelección presidencial en 2023. De aquí la encrucijada que representa la posibilidad de acompañar una posible derogación de la ley que limita la reelección inmediata indefinida. Por un lado, está el apoyo de quienes ya poseen cargos y desean extender su tiempo en el poder, por el otro, la presión dentro del peronismo de quienes quieren desembarcar como flamantes intendentes.  La cuestión se resume entre la continuidad del poder o la posibilidad de recambio. Lo interesante es que muchos políticos que vieron con buenos ojos la sanción de la ley en 2016 hoy acompañarían la derogación. Todo cambia para que nada cambie.


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