María Elena Walsh y Sara Facio, relato de un gran amor (última entrega)

Ante un nuevo natalicio de María Elena Walsh, Renata Ventura profundiza en la relación mantenida entre la artista nacida en Ramos Mejía y la fotógrafa Sara Facio.

Por Renata Ventura

Aunque se mostraban juntas y convivían, eran reservadas. A Sara siempre le molestó que la gente pensara que quería subirse a la fama de MEW. Cuando le daban premios, por ejemplo, ella trataba de no ir y si iba, no se sentaba a su lado.

También ha contado que María Elena era estupenda compañera, menos para tres cosas: el sushi, que no le gustaba, y el teatro y el cine, que le aburrían.

Cuando iban al cine, María Elena iba porque a Sara le gusta con locura. Pero tenían que ir al Patio Bullrich porque a mitad de la película, MEW se aburría y se iba a Yenny a ver libros.

“Sara Facio me ha retratado infinidad de veces, muchas contra mi voluntad, pero siempre me permitió reconocerme como querría ser. Quizá se trate de una magia embellecedora, pero prefiero creer que Sara sorprende con un indicio de lo mejor del retratado”, comentaba María Elena.

“Cualquier cosa que diga de María Elena va a estar teñida por los 60 años que hace que nos conocemos, ella es más que una parte de mi vida”, escribió Facio para Clarín, el día antes de que María Elena cumpliera 80 años.

“Todo en ella es poesía, hasta cuando habla es poesía, es de una ocurrencia sin parangón. Como artista creo que es un ser único, no sólo en la Argentina, sino en toda América y en el mundo (…) Siempre fue muy ajena al autobombo. Es la única persona que conozco de todas las esferas del arte a la que no le gusta promocionarse. Tiene momentos melancólicos, que son parte una personalidad sensible, pero vive leyendo y escuchando música, desde que se levanta hasta que se acuesta”, finalizó.

En el programa Soy lo que soy, transmitido por TN y conducido por Sandra Mihanovich, Sara confesó: “La verdad es que nos llevábamos muy, muy bien. Era una fiesta estar juntas porque yo siempre aprendía al lado de ella, muchas cosas, sobre todo culturales. Y ella también decía que aprendía mucho conmigo”. Esa fue la primera vez que yo escuché hablar de ellas y ahora estoy acá, escribiendo esto por segunda vez.

En una entrevista para Telefé Noticias, Cristina Pérez le preguntó a Sara si María Elena fue el amor de su vida. La respuesta fue: “Sí. Punto”.

“María Elena fue una artista muy completa. Me pone contenta que se resalte su lado poético, porque fue muy reconocida en su momento. […] la poesía de María Elena será eterna, como ella.” dijo Sara a Infobae Cultura mientras recorría una muestra-homenaje a MEW en 2019.

Volviendo a los hechos cronológicos, para la Navidad del 2005, María Elena ya no se pudo sentar a la mesa porque empezó a fracturarse vértebras, tres o cuatro, de forma espontánea. Tenía debilidad ósea por una osteoporosis muy avanzada.

“Delante de mí disimulaba, pero la gente que la cuidaba me contaba: Ayer se quejó mucho. Había gente que no lo aguantaba, empezando por la gente de servicio, que me decía: No, yo no la puedo ver así y me largaban en banda”, contó Sara.

Un mes antes, en noviembre de 2005, Sara y María Elena, que ya llevaban 30 años juntas, se encontraban en París, en el Louvre. Sara iba cargada de libros, tropezó, se cayó, se quebró las dos muñecas.

“En el avión veníamos María Elena con bastones, y yo con las dos manos enyesadas. Parecíamos una película cómica”, recordó Sara.

En el 2008, María Elena publicó su último libro, una novela autobiográfica llamada “Fantasmas en el parque”, donde confiesa que Sara es su gran amor, “ese amor que no se desgasta sino que se transforma en perfecta compañía”.

La confesión surge a partir de un diálogo con “La Negra”, uno de los personajes, sobre la hermana de María Elena, con quien no se llevaba tan bien. La Negra lanza: “Es que tu verdadera hermana es Sara, hace como treinta años que viven juntas”.

Ahí es donde la escritora confiesa: “Gracias a Dios. Pero no tiene nada de hermana. Es mi gran amor”.

Sara contó que al leer su “declaración” le preguntó: “¿Te parece a vos, que toda tu vida fuiste tan british, para publicar esto tan íntimo?”, la respuesta fue un “sí”, porque era la verdad.

En una entrevista del mismo año, María Elena expuso: “es un gran tabú que todavía existe. El amor entre hombres está más liberado, porque ellos son piolas y liberan todo en su favor, pero a las mujeres nos cuesta más”.

“No creo que haya que andar ventilando las cuestiones íntimas o hacer de la sexualidad una pancarta. Me gusta lo secreto, la cosa ambigua, porque también es una forma estética de mantener un estilo de vida y un estilo de escritura”, confesó Sara.

Durante los últimos años de María Elena, cuando sus huesos ya se rompían solos, estuvo acompañada por el “petit comité”, un grupito que integraban Sara, sus sobrinas y otras chicas más.

El día de su fallecimiento, María ya había despertado mal y le dijeron a Sara que no entrara, tampoco quiso, para que se quedara con su imagen despierta. “Cuando vi que se iba, no quise verla más” y se quedó con ella la sobrina de Sara.

Aunque el “petit comité” había preparado una estrategia suave, ella terminó enterándose por un médico que recibió el aviso desde la clínica y la llamó para darle el pésame. Al escucharlo, Sara preguntó: “¿Qué me está diciendo?”.

“Me habían advertido que ella no podía estar mucho tiempo así. Pero se ve que yo no lo quería entender”, contó Sara.

Le preguntaron a Sara si extraña a MEW o qué es lo que más extraña de ella, algunas de sus respuestas fueron: “Sueño todas las noches con ella ¿Por qué debería?” “ lo que más extraño de María Elena es a María Elena (…) Añoro su originalidad para comentar toda situación; jamás sumaría un lugar común. Añoro su humor y el brillo de sus ojos”.

En 2017, después de años de lucha y trabas legales, Sara logró crear la fundación María Elena Walsh con el objetivo de preservar y difundir la obra literaria y musical de su compañera de vida.

Por último, les dejo el poema “Otoño de la vida”, para que puedan leerlos.

Esta historia que no deja de conmoverme. Feliz cumpleaños, María Elena, estés donde estés. Y gracias, “Santa Sarita”, por mantenerla siempre en la memoria de todos nosotros.